

Bisolvon ha muerto, larga vida al Bisoltus. Lo bueno de este último es que prescinde del engorro de la efedrina, que la mayoría de las veces te convertía en una especie de David López errante. Lo que no comprendo es el criterio de las autoridades sanitarias para decidir qué se vende con receta y qué no. Así, el antiguo Bisolvon, que contenía codeína, efedrina y difenhidramina, se despachaba sin más requerimiento que los tres euros y pico que costaba el bote, mientras que el Bisoltus requiere receta médica que, eso sí, probablemente te pidan en una de cada cien ocasiones. Lo dicho, con Contugesic y Bisolvon fuera del mercado (y aun con este último en circulación) y el Deprancol todavía en venta, mi elección es Bisoltus.